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Abril 29, 2008

PETRÓLEO MALDITO (1era Parte)

Archivado en: Blogroll, Pemex, inconformidad — Mallory @ 12:15 am
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Por José Luis Hernández Jiménez

A Heberto Castillo, defensor verdadero del petróleo, a once años de su fallecimiento, el 5 de abril.

Quién sabe por qué la clase política mexicana y gran parte de la ilustrada, se la han pasado gritando a los cuatro vientos. “¡No a la privatización de PEMEX!”.

Lo han repetido hasta el cansancio el Presidente Calderón, su gabinete y los dirigentes del PAN, lo han dicho los mandamases del PRI y los del PRD, lo ha repetido López Obrador y con muchos miles lo ha gritado en el zócalo capitalino. Y ni se diga de los partidos pequeños. Lo han repetido intelectuales de todos los signos. Es como si todos ellos, estuvieran compitiendo para saber quién grita mas fuerte lo mismo:

Y si no es competencia por saber quién grita más fuerte y más seguido dicha consigna, ¿será ignorancia o se han vuelto esquizofrénicos?

Y es que, por una parte, nadie grita lo contrario. Y, por otra, como bien lo ha recordado la revista Proceso, PEMEX está, en gran medida, privatizado. ¿No privatizar lo que, en gran medida, ya está privatizado?

La privatización de esa industria inició a mediados de los años 70`s., cuando fue nombrado como Director de la paraestatal, el ingeniero Jorge Díaz Serrano, contratista petrolero trasnacional, socio de George Bush, otrora Presidente de Estados Unidos.

Tan siniestro personaje se dedicó ha hacer hoyos por todo el país para buscar petróleo y gas para venderlos “como si fueran tomates”, según decía. Incluso llegó a tender un gigantesco gasoducto desde Cactus, Chiapas hasta Texas, Estados Unidos, para enviar lo más rápido que se pudiera ese energético a los vecinos del norte. Muchos de los que ahora gritan, incluso desde la izquierda, como desaforados “¡No a la privatización de PeMex!”, desde entonces apoyaron aquella privatización acelerada o por lo menos se quedaron calladotes siendo cómplices de esa medida.

Afortunadamente en aquel entonces hubo voces, destacadamente la de Heberto Castillo, que se opusieron a tal medida y lograron (logramos) frenarla a tiempo. Hoy el dichoso gasoducto está tendido, oxidándose, a lo largo del Golfo de México y el gas de aquellos pozos se sigue quemando al aire libre en lugar de que lo rescaten para utilizarlo en beneficio de la población.

Después se dieron otros empujones fuertes a la privatización que hoy se tiene. Con los Presidentes Miguel de la Madrid (con su secretario de Gobernación, Manuel Bertlet Díaz), Carlos Salinas (con su asesor principalísimo, Manuel Camacho Solís) y Ernesto Zedillo, se completaron cuatro sexenios, o sea veinticuatro años seguidos, dedicados fervorosamente a privatizar a PEMEX. Hoy los priístas y los expriístas se rasgan las vestiduras, como si el país no tuviera memoria, pero lo cierto es que fueron ellos los que, en gran medida, no solo privatizaron esa industria sino la empujaron a la quiebra por usarla como fondo electoral; recuérdese el llamado Pemexgate: 500 millones de pesos que por vía del sindicato petrolero – de los más corruptos y priista – fueron a dar a la campaña del candidato del PRI a la presidencia, Francisco Labastida Ochoa, hoy flamante Presidente de la Comisión de …¡Energéticos! de la Cámara de Senadores.

Esto es lo primero que debiéramos aclarar ante tanto grito de “¡No a la privatización de PEMEX!”, la empresa del petróleo, materia prima que debiera ser la salvación del país y que mas bien parece un petróleo maldito que nada vale.

En todo caso, lo que tenemos que lograr los mexicanos es nacionalizar a PEMEX pero de a de veras. No estatizarlo, como de hecho estuvo mucho tiempo al servicio de unos cuantos, sino nacionalizarlo para que sirva a todos los mexicanos. Y de inmediato en lugar de exportar como locos el petróleo, mejor aprovecharlo, industrializarlo, aquí en el país. No hay que olvidar que el petróleo crea riqueza en donde se industrializa.

Y lo dijo el General Lázaro Cárdenas, en uno de sus discursos, el 13 de marzo de 1945: “…hay países con riquezas petroleras que se sienten halagados cada vez que aumenta la extracción y venta de sus productos al extranjero, sin darle importancia a la necesidad de asegurar sus reservas que garanticen el desarrollo de la industria nacional”. Cuidado.

En fin, el ambiente sobre el tema está tan caldeado y tan confuso para la mayoría, que ya se sabe en qué va a parar la dichosa reforma energética, será una reformita, una dizque reforma energética.

PD. Las mañanas de los días 17 y 18 de abril, en la Cámara de Diputados, se llevará al cabo dos eventos para aclarar todo el asunto del petróleo con especialistas como ponentes. Llégale.

México D. F. a 2 de abril del 2008

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