Por José Luis Hernández Jiménez
Y repito:
Ahí en donde el petróleo se industrializa y se consume, crea riqueza. Es el caso de las naciones ricas. Y al revés: ahí en donde el crudo se saca del subsuelo para, principalmente, venderlo al extranjero, no solamente no se crea riqueza, a pesar de que el precio del barril sea alto, sino que crece la pobreza. Es el caso de nuestro país.
Por eso, por ejemplo, en México, país petrolero, la gasolina, un derivado del crudo, es más cara dentro del país que fuera. Y como este ejemplo, hay cientos.
¿En dónde está el secreto? El secreto está en su industrialización, en echarle, cada vez más, valor agregado al también llamado “oro negro”.
Ello sucede con todas las materias primas. Por ejemplo, un agricultor vende a un peso el kilo de jitomate a una empacadora que, al enlatarlo, lo revende a 50 pesos el kilo. U otro agricultor vende a 5 pesos el kilo de duraznos a otra empacadora y esta al revender dicha fruta en almíbar la vende al consumidor a 500 pesos el kilo. Pero si esa venta se hace a empresarios extranjeros, la ganancias de estos se ve multiplicada por varios dígitos.
Así sucede, guardando las debidas proporciones, con la venta de petróleo.
Si el petróleo como materia prima es un recurso natural que para renovarse requiere algunos millones de años, se industrializara en México, por medio de la industria petroquímica, la ganancia se quedaría aquí. Porque hay que recordar que con el petróleo se pueden “fabricar” además de gasolinas, diesel, gases, telas, plásticos, alimentos, medicinas, fertilizantes, y cientos de derivados de todos esos productos. La vida cotidiana de gran parte de los seis mil millones de seres humanos que habitamos el planeta Tierra, está plagada de derivados del petróleo. Mírese a sí mismo, estimado lector (a) y verá que muchas cosas que utiliza para su persona o la de su familia, provienen del petróleo.
Hoy muchos de esos miles de productos, se compran al extranjero. ¿Por qué no se fabrican aquí? Porque no hay suficientes refinerías. La que existía en el DF, la de Azcapotzalco, al cerrarse por vieja, no fue sustituida. Porque la industria petroquímica nacional, sigue estando en pañales.
¿Por qué no se instalan mas refinerías y mas petroquímicas, en México? Porque, se dice, son muy caras y tardan mucho tiempo en empezar a operar. Y, también se dice, no hay el dinero suficiente. ¿Y la inmensa cantidad de dinero que ingresa por la venta de petróleo al extranjero, en dónde está? En su mayoría, lo cobra Hacienda, dicen. ¿Y por que lo cobra Hacienda? Porque en México, la mayoría de la gente no paga impuestos, unos porque carecen de empleo, otros porque evaden tal pago, otros porque declaran menos y, además, porque el país carece de un sistema fiscal que grave más a los que mas tienen y menos a los que no tienen.
Como se ve, el asunto es complejo. No se reduce a gritar solamente que no se privatice el petróleo. Si ahí nos quedamos, el problema seguirá agravándose, pues evitar la reforma energética, es lograr que todo siga igual, es decir, que todo siga de mal en peor.
En este sentido, es loable que se discuta, que se debata, que la gente se informe y proponga. Es una manera de hacer ver que de veras, el petróleo es de todos los mexicanos, no solo de unos cuantos.
Por eso, hay que volver a nacionalizar PEMEX. No basta con “No privatizar”. Esta industria no es del gobierno ni de algunos empresarios que desde hace mucho se benefician. PEMEX es de todos los mexicanos. ¿Cómo operar esta “propiedad”? Nombrando un Consejo Nacional Supervisor de los Resultados de PEMEX que esté integrado no solamente por el Poder Ejecutivo, sino también por representantes de los Poderes Legislativo y Judicial, y por representantes de las Universidades Públicas y del IPN y de los medios de comunicación masiva.
Por eso también hay que castigar a los saqueadores de PEMEX y a los que permitieron tal saqueo. No más sangría de esa paraestatal por vía de la corrupción. No más entrega de Petróleo al extranjero. PEMEX sí, PEUSA no.
México D. F. a 23 de abril del 2008